Explore "El caballero de la mesa redonda" by Leopoldo Alas on Textopian. Read with annotations and highlights.
Sin acabar los postres, una comisión del seno… de la mesa redonda fue a visitar a don Mamerto a su cuarto, sin perjuicio de que todos los bañistas, uno por uno, acudiesen después a cumplir con este deber como lo calificó el representante del ministerio público, que, aunque a regaña dientes, se había reconciliado con el Tenorio averiado, gracias a la influencia de la fiscala.
El médico del establecimiento, muy amigo de divertirse y de tratar en broma la medicina, particularmente la hidroterapia, apenas había querido tomarle el pulso ni mirarle a don Mamerto. "¿Qué había de tener Anchoriz? Nada. Al día siguiente ya estaría a las ocho tomando una ducha… ". Pues no estuvo. En vez de la ducha, tuvo que tomar con paciencia los 39 grados de fiebre con que Dios quiso… no probarle, que demasiado sabía Dios qué sujeto era Anchoriz, sino mortificarle.