Explore "Lorenzo, el magnífico" by Cristina Pacheco on Textopian. Read with annotations and highlights.
Todos los sábados, a las ocho en punto de la mañana, aparecía en alguna de las casas donde estaba al cuidado del jardín, los arriates o un simple patio sombrío donde el florecimiento de magnolias, nísperos y camelias era parte de los milagros que, según don Lorenzo el jardinero, Dios realiza para darnos pruebas de que aún existe.
Don Lorenzo era un hombre corpulento, de espalda ancha, manos nudosas y ásperas. Remataba su cuello una cabeza perfecta. En el pelo siempre traía entremetidas hojas secas, ramitas, pétalos. Eso daba aspecto de Dios pagano a aquel hombre vestido con ropas imposibles de discernir: recubiertas de lodo, descoloridas, entre remiendos y costuras burdas formaban una textura semejante a la corteza de un árbol.