Génesis del mar by Jules Michelet — Read

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Los primeros meses del año 1858 deslizáronse para mí en el agradable pueblecillo de Hyères que mira de lejos al mar, á las islas y á la península que presta abrigo á su costa. A tal distancia, el mar atrae más poderosamente tal vez que si uno estuviese á bordo. Los senderos que á él conducen convidan á recorrerlos, ya se dirija uno al lado de las huertas por los setos de jazmines y mirtos, ya, subiendo un tanto, se atraviesen los olivares y un bosquecillo sembrado de laurel y de pinos.

Sin embargo, los árboles no impiden que de vez en cuando se distingan algunos rayos del mar. Ha sido llamado este sitio, y no sin razón, Costa Bella. Paseábame por él en los mejores días de un invierno muy suave, soliendo encontrar al paso una enferma interesantísima, joven princesa extranjera venida de quinientas leguas de distancia, para prolongar algunos días su desfalleciente vida. Aquella corta existencia se había deslizado triste y combatida por el infortunio; y apenas vislumbraba la felicidad, se iba extinguiendo por momentos. La pobre se arrastraba apoyada tiernamente en otro ser que vivía de su vida y no contaba sobrevivirla. Si los votos y las oraciones bastasen á prolongar la vida, aquella joven no hubiese muerto; tenía en su apoyo los de cuantos la conocían, particularmente de los pobres. Empero la primavera llegó y con ella el fin de sus días. Cierta mañana de abril en que todo renacía, vimos pasear aún las dos sombras por aquel bosque pálido, como un Elíseo de Virgilio.

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