Génesis del mar by Jules Michelet — Read

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La velada de San Juan (del 24 al 25 de junio), cinco minutos después de haber dado la media noche ábrese la gran pesca del arenque en los mares del Norte. Luces fosforescentes ondulan ó bailan sobre las ondas; «son los _relámpagos_ del arenque,» la señal consagrada que parte de todas las embarcaciones. Acaba de subir un mundo de seres vivientes de las profundidades á la superficie, siguiendo el atractivo del calor, del deseo y de la luz. La que produce la luna pálida y suave, agrada á la gente tímida, siendo el fanal que al parecer les alienta para su gran festín amoroso. Y van subiendo, subiendo todos juntos, sin que uno solo se quede atrás. La sociabilidad es la ley de esa raza; siempre se presentan en masa. Reunidos viven envueltos en las tenebrosas profundidades; juntos acuden en la primavera á participar de la alegría universal, á ver la luz del día, á gozar y morir. Apretados, comprimidos, jamás se encuentran bastante cerca los unos de los otros, navegando en bancos compactos. «Es lo mismo (decían los flamencos), que si nuestras dunas comenzaran á bogar.» Entre Escocia, Holanda y Noruega parece que ha surgido una inmensa isla y que un continente esté pronto á emerger. Destácase un brazo al Este que se mete por el Sund, obstruyendo la entrada del Báltico. En ciertos pasos estrechos, el remo no puede abrirse paso; el mar constituye una masa sólida. Millones y más millones, ¿quién sería osado á contar el número de esas legiones? Dícese que en una ocasión, cerca del Havre, halló un pescador en sus redes ochocientos mil arenques, y en un puerto de Escocia se pescaron once mil barriles en una sola noche.

Surgen como un elemento ciego y fatal, sin que los desanime la destrucción. Hombres y peces son sus contrarios; nada les inquieta y bogan sin cesar. Esto no debe sorprendernos, puesto que mientras navegan se aman, y cuanto más mueren, más producen y se multiplican sin detener su marcha. Las columnas compactas, profundas, en la electricidad común, flotan entregadas únicamente á la grande obra de la procreación. El todo va impulsado por las olas y por la ola eléctrica. Escoged entre la masa al acaso y encontraréis los fecundos, otros que lo fueron, y otros deseosos de serlo. En medio de ese mundo que desconoce la unión fija, el placer es una aventura, el amor un viaje. Sobre la ruta que recorren siembran torrentes de fecundidad.

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