Explore "Historia de la Revolución Rusa" by Leon Trotsky on Textopian. Read with annotations and highlights.
El verdadero fundamento de la revolución era el problema agrario. En el arcaico régimen agrario ruso, procedente en línea directa de la era feudal, en el poder tradicional del terrateniente, en las íntimas relaciones existentes entre el terrateniente, la administración local y los organismos de casta de la tierra (los zemstvos), radicaban las manifestaciones más bárbaras de la vida rusa, que encontraban su apogeo y culminación en la monarquía rasputiniana. El campesino, punto de apoyo del asiatismo secular, era, al propio tiempo, su primera víctima.
En las primeras semanas que siguieron a la revolución de Febrero el campo apenas se movió ni dio señales de vida. Los elementos más activos se hallaban en el frente. Las viejas generaciones que se habían quedado en casa se acordaban demasiado bien de que la revolución solía acabar en expediciones represivas. El campo permanecía mudo, y la ciudad, en vista de esto, no se acordaba del campo. Pero el fantasma de la guerra campesina se cernía ya desde los días de marzo sobre las casas señoriales. De las provincias, donde ejercía un poder más considerable la nobleza, es decir, de las provincias más atrasadas y reaccionarias, se alzó el grito pidiendo auxilio antes de que se pusiera aún de manifiesto el peligro real. Los liberales reflejaban el pánico de los terratenientes, y los conciliadores reflejaban el estado de ánimo de los liberales. «Forzar el problema agrario en las próximas semanas -razonaba después de la revolución el "izquierdista" Sujánov- sería perjudicial, y no hay la menor necesidad de ello». Pero ya sabemos que Sujánov entendía también que era perjudicial forzar la cuestión de la paz y de la jornada de ocho horas. Era más sencillo agazaparse ante las dificultades. Además, los terratenientes atemorizaban a la gente diciendo que la alteración del régimen jurídico agrario tendría repercusiones nocivas en la siembra y en el abastecimiento de las ciudades. El Comité ejecutivo enviaba telegramas y en el abastecimiento recomendado «que no se dejasen llevar por los asuntos agrarios en perjuicio del abastecimiento de las ciudades».