Los Hermanos Karamazov by Fyodor Dostoevsky

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Después de haber dejado a Aliocha, Iván Fiodorovitch se dirigió a casa de su padre. De pronto -cosa extraña-, empezó a sentir una viva inquietud que iba en aumento a medida que se acercaba a la casa. Esta sensación le llenaba de estupor, pero no por sí misma, sino por la imposibilidad de definirla. Conocía la ansiedad por experiencia y no le sorprendía sentirla en aquellos momentos en que había roto con todo lo que le ligaba a aquella ciudad a iba a emprender un camino nuevo y desconocido, solo como siempre, lleno de una esperanza indeterminada, de una excesiva confianza en la vida, pero incapaz de precisar lo que de la vida esperaba. Sin embargo, no era la sensación de hallarse frente a lo desconocido lo que le atormentaba. «¿No será el disgusto que me inspira la casa de mi padre?», se dijo. Y añadió: «Es verdad, bien podría ser, hasta tal extremo me repugna, aunque hoy vaya a entrar en ella por última vez. Pero no, no es esto. La causa es los adioses de Aliocha después de nuestra conversación. ¡He estado tanto tiempo callado, sin dignarme hablar, y total para acumular una serie de absurdos. !» En verdad, todo podía deberse al despecho propio de su inexperiencia y de su vanidad juveniles, despecho de no haber revelado su pensamiento ante un ser como Aliocha, del que él, en su fuero interno, esperaba mucho. Sin duda, este despecho existía, tenía que existir, pero había también otra cosa. «Siento una ansiedad que llega a producirme náuseas y no puedo precisar lo que quiero. Tal vez lo mejor es no pensar.»

Iván Fiodorovitch intentó no pensar, pero no consiguió nada. Lo que le irritaba sobre todo era que su ansiedad tenía una causa fortuita, exterior: lo sentía. Algún ser o algún objeto le obsesionaban vagamente, del mismo modo que a veces tenemos ante nuestros ojos, durante un trabajo o una conversación animada, algo que nos está mortificando profundamente hasta que se nos ocurre apartar de nuestra mente el objeto enojoso y que no es sino una bagatela: un pañuelo caído en el suelo, un libro que no está bien colocado, etcétera, etcétera.

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