Explore "Los Hermanos Karamazov" by Fyodor Dostoevsky on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cualquiera puede figurarse lo que sería aquel hombre como padre y educador. Abandonó por completo al hijo que había tenido con Adelaida Ivanovna, pero no por animosidad ni por rencor contra su esposa, sino simplemente porque se olvidó de él. Mientras abrumaba a la gente con sus lágrimas y sus lamentos y hacia de su casa un lugar de depravación, Grigori , un fiel sirviente, recogía a Mitia. Si el niño no hubiera hallado esta protección, seguramente no habría tenido a nadie que le mudara la ropa. También su familia materna le había olvidado. Su abuelo había muerto; su abuela, establecida en Moscú, estaba enferma; sus tías se habían casado. Por todo lo cual, Mitia tuvo que pasar casi un año en el pabellón donde habitaba Grigori. Y si su padre se acordaba de él (verdaderamente era imposible que ignorase su existencia), habría terminado por enviarlo al pabellón para poder entregarse libremente a su disipada vida.
Así las cosas, llegó de París un primo de la difunta Adelaida Ivanovna, Piotr Alejandrovitch Miusov, que después pasaría muchos años en el extranjero. A la sazón, era todavía muy joven y se distinguía de su familia por su cultura y su exquisita educación. Entonces era un occidentalista convencido, y en la última etapa de su vida sería un liberal del tipo de los que hubo en los años 40 y 50. En el curso de su carrera se relacionó con multitud de ultraliberales, tanto en Rusia como en el extranjero, y conoció personalmente a Proudhon y a Bakunin. Le gustaba recordar los tres días de febrero de 1848 en París y dejaba entrever que había estado a punto de luchar en las barricadas. Éste era uno de los mejores recuerdos de su juventud. Poseía una bonita fortuna: alrededor de mil almas, para contar a la antigua. Su soberbia propiedad estaba a las puertas de nuestro pueblo y limitaba con las tierras de nuestro famoso monasterio. Apenas entró en posesión de su herencia, Piotr Alejandrovitch entabló un proceso interminable con los monjes para dilucidar ciertos derechos, no sé a punto fijo si de pesca o de tala de bosques. El caso es que, como ciudadano esclarecido, consideró un deber pléitear con el clero.