Explore "Los piratas del golfo" by Vicente Riva Palacio on Textopian. Read with annotations and highlights.
Morgan estaba fuertemente impresionado; cada palabra, cada movimiento de doña Marina, le parecían un encanto, desde aquellos momentos no pensó sino en ella, y se creyó feliz con tenerla en su poder.
El pirata no podía ni figurarse siquiera que aquella mujer tuviera la más leve esperanza de resistir sola, sin amparo de ninguna especie, en el mismo navío en donde sus deseos eran una ley suprema que nadie se hubiera atrevido a desobedecer, y con un hombre dotado de una voluntad tan firme y de un carácter tan resuelto, que hacía palidecer bajo su mirada a los más audaces aventureros.