Explore "Desde la muerte" by Jaime Sabines on Textopian. Read with annotations and highlights.
DESDE LA MUERTE de mi hijo Jaime, de 22 años, no he querido hablar más de la muerte. En esos días escribí un poema de ocho o diez cuartillas, pero lo hice trizas y lo arrojé a la calle. No es posible pasarse la vida hablando de los muertos. Estoy harto. Me da vergüenza.
(Lo malo es que no acaba uno de encontrar cómo deshacerse de los muertos.)
"Dejad que los muertos entierren a los muertos", es una frase estupenda de Cristo. Pero, ¿no son los muertos los que entierran a los vivos? , ¿no son los muertos los que nos matan un poco, los que nos jalan un poco a su propia tumba? ¿Cómo rescatar nuestra vida de manos de los muertos? Ni a palos ni con lumbre: los muertos nos tienen agarrados furiosamente de los calzones, del pellejo.
Cristo no tuvo madre. Lo digo como lo dicen los mexicanos, porque en realidad no tuvo ni madre, ni padre, ni hijos, y de este modo no es difícil ser Dios.
No te ensucies el alma con este mugroso amor terrestre a tu mujer que pelea, a tus padres que regañan, a tus hijos que no agradecen, a tus hermanos que traicionan, a tus amigos que olvidan: dedícate al divino amor de todos, al acuoso amor que perdona las ofensas no recibidas y la gloriosa crucifixión.