La dama errante by Pío Baroja — Read

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Al día siguiente, Aracil notó que su hija tenía mucha fiebre. Las heridas de los pies no eran bastante causa para una elevación tan grande de temperatura. Al anochecer decreció la fiebre. Aracil supuso si sería ésta consecuencia del desgaste nervioso de los días anteriores; pero, a media noche, volvió de nuevo la calentura, y Aracil comprendió que había algo palúdico, y supuso que en la noche de la huída, al quedarse a descansar en la orilla del Tiétar, habría cogido la enfermedad.

Durante casi toda la noche María estuvo delirando. La obsesión, en su delirio, era el río.

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