Explore "Amores" by Ovid on Textopian. Read with annotations and highlights.
Tu esposo debe asistir al mismo banquete que nosotros. ¡Ojalá sea / ésta la última cena de su vida! ¿Conque podré contemplar a mi dulce / tormento sólo como convidado, y otro tendrá el derecho de acariciarlo? / ¿Darás calor a su seno reclinada junto a él, y cuando quiera te echará / las manos al cuello? Cese de admirarte que, en el festín de sus bodas, / la hermosa Hipodamia impulsara al combate a los furiosos Centauros. Yo / no habito, como ellos, las selvas, ni mis miembros se adhieren a los de / un caballo, y apenas me parece posible dejar de poner sobre ti las / manos. Oye, no obstante, lo que has de procurar, y no permitas que mis / palabras se las lleve el Euro o el templado Noto. Preséntate antes que / tu marido; no sé lo que podremos hacer si vienes primero; sin embargo, / ven antes. Cuando se recline en el lecho, acuéstate a su lado con aire / modesto, y ocultamente roza mi pie. Mírame, observa mis gestos y lo que / te dice mi rostro; recoge mis furtivas señas, y contéstalas de igual / modo. Sin hablar, expresaré mis pensamientos con el gesto, y leerás / palabras en mis movibles dedos y en las gotas de vino que vierta sobre / la mesa. Si asalta tu memoria el recuerdo de nuestros placeres, toca con / la extremidad del pulgar tus purpúreas mejillas; si tienes que echarme a / la callada alguna reprimenda, acaricia con suavidad el borde de tu / oreja, y si te complacen mis dichos y acciones, luz de mis ojos, haz / girar buen rato los anillos de tus dedos. Extiende la mano en la mesa / como el sacrificador en el ara, y desea a tu marido todos los males que / en justicia merece. Ordénale que beba el vino que mezcla para ti, y en / voz baja pide al esclavo el que deseas. Yo tomaré antes que nadie la / copa que devuelvas, y beberé en ella por la misma parte que hayas bebido.
Si acaso te ofrece algún manjar que él gustase primero, / recházalo, porque lo ha tocado su boca. No consientas que ligue sus / brazos a tu cuello, ni reclines tu linda cabeza sobre su helado cuerpo; / no le dejes que introduzca la mano en tu seno turgente, y, sobre todo, / evita darle ningún beso, pues si se lo das, me declararé a voces tu / amante, gritando: «¡Esos besos son míos!», y extenderé hacia ti los / brazos. Esto al menos lo veré; mas lo que cela el cobertor de la cama, / eso es lo que teme la ceguedad de mi pasión. Que no se atraviese su / pierna con la tuya, ni se choquen vuestras rodillas, ni tus pies / delicados tropiecen con sus pies de gañán. ¡Ay, desgraciado!, temo / muchas cosas, porque las hizo mi insolencia, y me atormenta el miedo de / mi propia conducta. ¡Cuántas veces mi voluptuosidad y la de mi prenda / supieron encontrar bajo el vestido dulcísimos entretenimientos! Tú no / hagas cosa semejante, y para disipar mis sospechas, aligérate del manto / que envuelve tu cuerpo. Insta a tu marido a que beba sin cesar, mas no / acompañes tus ruegos con los besos; mientras bebe, echa furtivamente / vino en la copa, y cuando caiga amodorrado por el vino y la embriaguez, / tomaremos consejo del lugar y la ocasión. Al levantarte, dispuesta a / volver a casa, nos levantaremos todos; apresúrate a mezclarte entre el / bullicio de la turba, que allí me encontrarás o te encontraré yo, y / entonces pálpame con tu fina mano cuanto puedas. ¡Ay infeliz!, mis / advertencias sólo aprovechan pocas horas; la noche me obliga a separarme / de mi dueño; por la noche su marido la tendrá encerrada, y yo triste y / anegado en lágrimas, sólo osaré seguirla hasta la puerta cruel. Ya te / llenará de besos, ya no se satisfará con ellos solamente; los favores / que me concedes en secreto te los exigirá como débito; no se los / concedas sin pesar (esto puedes hacerlo), como si cedieses a la / violencia: enmudezcan tus caricias, y que Venus se goce en atormentarle.