Amores by Ovid — Read

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Yo no me atrevo a defender mis relajadas costumbres, ni a esgrimir / las armas de la falsedad en pro de mis vicios: los confieso, si de algo / aprovecha declarar las propias culpas; los confieso y sigo como un loco / aferrado a mis extravíos: los odio, y aun deseándolo, no puedo ser otro / del que soy. ¡Qué pesado, soportar la carga que uno quisiera echar de / los hombros! Me faltan las fuerzas para dominarme a mí mismo, y me dejo / arrastrar como barco impelido por rápida corriente. No subleva mis / pasiones una sola belleza; son muchas las que me obligan siempre al / amor. Si una doncella baja en mi presencia modestamente los ojos, me / inflamo, y su pudor se convierte en el enemigo de mi tranquilidad. Si la / otra se presenta provocativa, me subyuga, porque su resolución alienta / la esperanza de mil placeres en el blando, lecho. Si veo una intratable / que imita la rigidez de las Sabinas, pienso que sabe querer y disimula / con orgullo lo que quiere. La que juzga los versos de Calímaco sin / primor, comparándolos con los míos, revela que le gusto, y bien pronto / ella me rendirá a su vez; la contraria que reniega del poeta y sus / versos, no me ofende, antes desearía yacer al lado de la que así me / maltrata. Anda con aire diligente, y me cautiva con sus andares; tiene / duras las facciones y no, me importa, ya se suavizarán al contacto del / varón.

Ésta me fascina por su voz dulcísima que emite sin ninguna violencia, / y quisiera estampar mis besos en su boca deliciosa; aquélla / recorre con sus ágiles dedos las vibrantes cuerdas de la lira, ¿y cómo / dejaría de amar tan hábiles manos? Me sorprende la bailarina que agita / los brazos a compás, por el arte insinuante, con que tuerce su cuerpo / lascivo; y no se hable de mí que me inflamo por la menor causa, póngase / ante ella Hipólito, y se convertirá en Príapo. Tú igualas con esa / arrogante estatura a las antiguas heroínas y puedes cubrir con tu cuerpo / un lecho espacioso, y tú me vences por lo diminuta: las dos me / encadenáis, las dos, alta y baja, convenís a mis gustos. Es algo / negligente, ¿y qué puede añadir el ornato a su belleza?; se ofrece / ataviada con lujo, y brilla su espléndida distinción. Me domina la / blanca lo mismo que la morena; en las de cutis obscuro no son menos / gratas las delicias de Venus. Si los cabellos de ébano le caen sobre la / garganta de nieve, recuerdo que la hermosura de Leda consistía en su / negra cabellera; si son rojos, que la Aurora sacude sus cabellos de / color de azafrán, y me adapto por igual a todas las historias. Una / novicia me atrae, una de edad madura me sugestiona; aquélla por sus / carnes frescas, ésta por lo que sabe; en fin, que mi amor ambicioso / quisiera llamar suyas a todas las bellezas que se admiran en la ciudad.

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