Amores by Ovid — Read

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Mientras tú, Macer , celebras en tu cantos al indignado / Aquiles, y vistes las primeras armas a los príncipes juramentados, / nosotros reposamos a la sombra de la indolente Venus, y el tierno niño / quebranta nuestros audaces arrestos. No pocas veces dije a mi amada: / «Retírate por fin»; y me contestó sentándose de improviso sobre mis / rodillas. Otras le dije: «Tengo vergüenza»; y mal reprimidas sus / lágrimas, exclamó: «¡Desgraciada de mí!, ya te avergüenza el amarme.» / Ciñó mi cuello con sus brazos y estampó en mi cara mil besos que fueron / mi perdición. Caí vencido; mi ingenio ya no cantará encarnizados / combates, sino mis guerras personales y las empresas que se realizan en / la paz. No obstante, empuñé el cetro, la vocación me inclinaba al / cultivo de la tragedia, y me sentí con aptitud para tan difícil empeño. / El Amor se rió de mi manto, mis pintados coturnos y del cetro empuñado / por una mano que no acertaba a sostenerlo: el influjo de mi tiránica / amiga me apartó de la empresa, y triunfó del vate que se había calzado / el coturno. Ya que sólo esto se me consiente, enseñaré las artes de que / se vale el tierno Amor, y, ¡ay de mí!, soy la primera víctima de mis / preceptos.

Escribo la sentida carta de Penélope a su Ulises, y cuento las / lágrimas de Filis en su abandono; lo que han de leer París y Macareo, el / ingrato Jasón, el padre de Hipólito e Hipólito mismo; las quejas en que / prorrumpe, la mísera Dido, y las de la poetisa de Lesbos acompañada por / la lira de Eolia. ¡Con qué prontitud mi amigo Sabino ha recorrido el / orbe trayéndome las respuestas de cien lugares distintos! La casta / Penélope reconoció el sello de Ulises, y Fedra leyó la misiva de / Hipólito. Ya el pío Encas respondió a la desgraciada Elisa, y Filis, si / vive todavía, habrá leído la epístola esperada. La carta fatal de Jasón / ha llegado a manos de Hipsipila, y Safo, amada por Apolo, puede ya / entregarle la lira que le ha consagrado. Tú, Macer, que bajo la tienda / de campaña cantas las bélicas empresas, no olvides el amor en medio de / los afanes de Marte. Allí está Paris con la adúltera famosa por su / crimen, y Laodamia que acompaña a su difunto esposo. Si no me engaño, / tratas estos asuntos con el mismo placer que las guerras, y desde el / tuyo a veces te trasladas a mi campo.

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