El Señorío de los Incas

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Es de notar, y mucho, que como estos reyes mandaron tan grandes provincias y en tierra tan larga, y en parte tan áspera y llena de montañas y de promontorios nevados, y llanos de arena secos de árboles y faltos de agua, que era necesario gran prudencia para la gobernacion de tantas naciones y tan distintas unas de otras en lenguas, leyes y religiones, para tenellas todas en tranquilidad y que gozasen de la paz y amistad con él; y así, no embargante que la ciudad del Cuzco era la cabeza de su imperio, como en muchos lugares hemos apuntado, de cierto en cierto término, como tambien diremos, tenian puestos sus delegados y gobernadores, los cuales eran los más sábios, entendidos y esforzados que hallarse podian, y ninguno tan mancebo que ya no estuviese en el postrer tercio de su edad. Y como le fuesen fieles y ninguno osase levantarse, y tenia de su parte á los mitimaes, ninguno de los naturales, aunque más poderoso fuese, osaba intentar ninguna rebelion, y si alguna intentaba, luego era castigado el pueblo donde se levantaba, embiando presos los movedores al Cuzco. Y desta manera eran tan temidos los reyes, que si salian por el reyno y permitian alzar algun paño de los que iban en las andas, para dejarse ver de sus vasallos, alzaban tan gran alarido, que hacian caer las aves de lo alto donde iban volando, á ser tomadas á manos; y todos los temian tanto, que de la sombra que su persona hacia no osaban decir mal. Y no era esto solo; pues es cierto, que si algunos de sus capitanes ó criados salian á visitar alguna parte del reyno para algun efecto, le salian á recibir al camino con grandes presentes, no osando, aunque fuese sólo, dejar de cumplir en todo y por todo el mandamiento dellos.

Tanto fué lo que temieron á sus príncipes en tierra tan larga, que cada pueblo estaba tan asentado y bien gobernado como si el Señor estuviera en él para castigar los que lo contrario hiciesen. Este temor pendia del valor que habia en los señores y de su misma justicia, que sabian que por parte de ser ellos malos, si lo fuesen, luego el castigo se habia de hacer en los que lo fuesen, sin que bastase ruego ni cohecho ninguno.

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