La bola by Emilio Rabasa — Read

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El Coronel Cabezudo no había echado en saco roto las noticias que el tío Lucas le llevara de parte de Don Abundio Cañas, y dejando a Pedro Martín encargado de las fuerzas que inútilmente atacaban la trinchera más fuerte, hizo un movimiento rápido para embestir por el lado de la cárcel. Mas no lo fue tanto que Coderas no tuviese tiempo de mandar a la defensa de aquel punto a Soria con buen número de soldados. De aquí que al romper nosotros la puerta de la cárcel, recibiéramos a la vez, aunque a distancia, las descargas de la plaza y de los asaltantes, pues unos y otros nos tuvieron por enemigos.

Dos de mis hombres cayeron heridos, y el resto, asustados por la sorpresa, se entraron en la prisión, poniendo en el último punto del terror a los infelices presos, que se refugiaron en el patio y piezas interiores.

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