Explore "Las guerras de los judíos" by Flavio Josefo on Textopian. Read with annotations and highlights.
En este mismo tiempo el rey Agripa había pasado a Alejandría, por visitar, como huésped, a Alejandro, enviado por Nerón por procurador y regidor de todo Egipto. Pero su hermana Berenice, que estaba entonces en Jerusalén, viendo la maldad que los soldados usaban con los judíos, recibió por ello gran pena y gran tristeza; y enviando muchas veces los capitanes de su caballería, y algunas otras las guardas de su propia persona, suplicaba a Floro que cesase y dejase de hacer tan grandes matanzas.
No teniendo cuenta Floro, con la muchedumbre de los muertos, y no haciendo caso de cuanto la reina le rogaba, ni de su nobleza, y teniendo sólo ojo a su ganancia, que se acrecentaba con los robos que hacían, menosprecióla; y sus soldados también osaron atreverse contra la reina: porque no sólo mataban a los que le venían al encuentro, pero a ella misma, si no se recogiera en su palacio, la hubieran muerto.