Explore "Las guerras de los judíos" by Flavio Josefo on Textopian. Read with annotations and highlights.
En este mismo tiempo, juntándose algunos de los que revolvían el pueblo y movían la guerra, entraron con fuerza y secretamente en una fortaleza que se llamaba Masada, y mataron a todos los romanos que hallaron dentro, y pusieron otra guarda de su gente.
En el templo de Jerusalén había un hombre, llamado por nombre Eleazar, hijo del pontífice Ananías, mancebo muy atrevido, capitán en aquel tiempo de los soldados, que persuadió a los que servían en los sacrificios que no recibiesen algún don y ofrenda de hombre nacido que no fuese judío. Esto era ya principio y materia para la guerra de los romanos, porque desecharon el sacrificio al César que se solía ofrecer por el pueblo romano. Y aunque rogaban los pontífices y la otra gente noble que allí estaba que no dejasen aquella buena costumbre que tenían de rogar por los reyes, no quisieron los judíos consentir en ello, confiándose mucho en la muchedumbre del pueblo.