Las guerras de los judíos by Flavio Josefo

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Venida la mañana, llegábase ya Vespasiano a tomar la ciudad con todo su ejército, después de haber descansado algún tanto del trabajo que habían pasado aquella noche. Y deseando echar a los que defendían el muro por la parte que de él había derribado, ordenó la gente más fuerte de a caballo de tres en tres, dejados atrás los caballos, haciendo que cercasen aquella parte que habían derribado, por todas partes, para que, comenzando a poner los puentes, entrasen ellos primero; y luego ordenó tras ellos la gente de a pie más esforzada y fuerte: extendió toda la otra caballería que tenía por el cerco del muro, en aquellos lugares montañosos, para que no pudiese alguno huir de la matanza pública. Puso después, para que los siguiesen, los flecheros, mandando a todos que estuviesen con las saetas aparejadas, y los que tiraban con honda también, y puso a éstos cerca de las máquinas e ingenios que para combatir tenía. Mandó llegar muchas escalas a los muros, para que acudiendo los judíos a defender éstos, desamparasen la parte que estaba derribada, y los demás fuesen forzados a recogerse con la fuerza de la' gente que entrase.

Entendiendo este consejo Josefo, puso por la parte del muro que estaba entera, los más viejos y más cansados del trabajo, como casi seguros de no ser dañados; pero en la parte que estaba derribada, puso la gente más esforzada y poderosa, y eligió de todos principalmente a seis varones, entre los cuales se puso él mismo en la parte más peligrosa, y mandóles que se tapasen las orejas, porque no fuesen amedrentados con la vocería y gritos de los escuadrones, se armasen con fuertes escudos contra los tiros de las saetas, y se fuesen recogiendo atrás hasta tanto que a los enemigos les faltasen las saetas; y que si los romanos querían ponerles puentes, les saliesen al encuentro para impedirlo, persuadiéndoles a resistir a los enemigos con sus mismos instrumentos de ellos, diciendo a todos que habían de pelear, no como por conservar la patria, pero como por cobrarla y sacarla de manos de los enemigos: díjoles también que debían ponerse delante de los ojos, ver matar los viejos, padres, hijos y mujeres, y ser todos presos por los enemigos; y habían de mostrar sus fuerzas contra la fuerza de los enemigos, y contra las muertes hechas en los suyos; y de esta manera proveyó a entrambas partes.

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