Explore "Pueblo en vilo" by Luis González y González on Textopian. Read with annotations and highlights.
La República de Juárez y de Lerdo (1867-1876) se propuso rehacer la agricultura con nuevos cultivos y nuevas técnicas de labranza, fomentar la industria, favorecer la inmigración de colonos extranjeros, construir ferrocarriles, canales y carreteras; hacer de cada campesino un pequeño propietario; instituir la libertad de trabajo; establecer la democracia y sacar al pueblo «de su postración moral, la superstición; de la abyección mental, la ignorancia; de la abyección fisiológica, el alcoholismo, a un estado mejor, aun cuando fuese lentamente mejor».[15] Ninguno de esos buenos propósitos afectó en lo más mínimo la marcha de los 2000 mil habitantes que para 1870 vivían en los ranchos altos de la ex hacienda. Aislada, esa minúscula sociedad de 2000 hombres, constituida con descendientes de las familias establecidas aquí al concluir la independencia y con los que vienen al venderse la hacienda de Cojumatlán, ofrece signos de crecimiento. En el quindenio 1867-1882, la pequeña sociedad sola se encamina a consolidar su economía ganadera; a fijar un régimen alimenticio sustentado en el cuadrángulo leche-carne-maíz-frijol; a construir firmemente un sistema de pequeña propiedad rústica; a repartirse el trabajo por especialidades; a dividirse en grupos según la propiedad y la riqueza; a amistarse por lazos de parentesco y compadrazgo, y a enemistarse por motivos de dinero y honor; a crear su propio código de virtudes y vicios; a salir de la cultura puramente oral hacia la escrita; a establecer su propia épica y a madurar su fe y sus hábitos cristianos.
En 1866, el año de la venida del señor obispo, «se dio el caso de que en diciembre cayeran fuertes aguaceros»[16] y todo el año de 1867 fue muy llovedor. Las 1500 vacas en ordeña engordaron y dieron en cada uno de esos años alrededor de 250000 litros de leche, un poco más de un litro diario por vaca en ordeña. El precio de los vacunos se trepó hasta las nubes. Don José Guadalupe González vendió una partida de vaquillas a 13 pesos cada una. Entre todas las rancherías de lo que sería jurisdicción de San José se fabricaban mil grandes quesos anualmente. La manera de comportarse con los vacunos no cambió mucho. Se siguió ordeñando sólo de San Juan a Todos Santos y al becerraje se le herró como siempre, pasadas las aguas, a fin de que las quemaduras del fierro no se llenasen de queresas y gusanos.[17]