La Vuelta al Mundo en la Numancia

Explore "La Vuelta al Mundo en la Numancia" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.

Las desgracias del valeroso navegante, que tan furioso temporal corría tierra adentro, no tenían término ni alivio. Confinado con su familia en una estrecha y miserable celda del piso alto de la Casa de Postas, no hallaba medio de proseguir avante ni atrás en el viaje emprendido. Daba el aposento a un corredor que se extendía por dos lados del patio, y en el término de una de estas alas estaba la escalera. El blanqueo de las paredes dentro y fuera de la estancia no era reciente: la suciedad reinaba en todo el edificio, y los olores de cuadra y cubiles discurrían de un lado a otro como únicos inquilinos que allí sin estorbo moraban.

Lo peor fue que cuando doña Esperanza, en aparente mejoría, se prestaba a pasar algún alimento, anocheció sosegada y amaneció en completo desbarajuste de sus facultades mentales, que ya venían de días atrás algo descaecidas. Debilitado por el no dormir y el no comer el cerebro de la buena señora, dio esta en el más extraño desvarío que puede imaginarse. Fue una retroacción de sus pensamientos, un salto atrás, un desandar de lo andado en las vías del tiempo. A la madrugada, habíase tendido Ansúrez en el suelo sobre unas enjalmas; despertole Mara ya de día claro, diciéndole con palabras angustiosas que algo insólito y de mucha gravedad ocurría. Lo primero que advirtió don Diego al abrir los ojos fue que su esposa no estaba en el camastro. Como dormían vestidos, no tardaron en salir del aposento hija y padre, y con espanto vieron a doña Esperanza que a lo largo del corredor venía parloteando en alta voz y gesticulando con demasiada viveza, como si disputara con seres invisibles. Corrieron a ella, y con gran dificultad la llevaron adentro.

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