Explore "La Sirena Negra" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
El contento que me oxigenaba el espíritu me animó á empeñar, desde el primer instante, la batalla con Camila. Como todo hombre, no dejo de temblar á las peloteras domésticas; sin embargo, el orgullo de mi superioridad me presta una fuerza que acaso la razón no me daría.
Transcurre el almuerzo. Cobardemente, por hacerme los lares propicios, lo elogio, aunque no me encanta: á los huevos revueltos les faltan trufas; los beefsteacks están demasiado hechos, y el pescado no trae salsa aguda, correctora de su insipidez; lo reviste esa bandolina amarilla titulada mayonesa. Camila propende á la economía; inspecciona á veces la cocina, y está siempre tirando de la rienda, para ahorrar una mezquindad. El elegante desprendimiento que hace tolerable el roce entre sirvientes y amos, quitándole la aspereza batalladora del interés,-es desconocido y sospechoso para Camila.