Explore "La Sirena Negra" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los primeros calores empalidecen las florecientes mejillas de Rafael, y su dulzura de Niño Jesús de San Antonio se transforma en abatimiento.
Consulto, y me ordenan llevarle á un sitio fresco: si es posible, al borde del mar.-Y tan posible como es. Me le llevo á la casa de Portodor, donde he pasado días de mi edad temprana. Hace muchos años que no la he pisado; he solido, en verano, viajar por Suiza y Alemania; pero Camila, consecuente en sus hábitos de sabia previsión y buen gobierno, no quiso dejar en el abandono esa finca, y al residir allí cortas temporadas, de seguro cuidaría y arreglaría la antigua residencia. Sin embargo, para cerciorarme-como me sería muy desagradable encontrar camas duras, vajillas desportilladas y muebles ratonados,-me resuelvo á visitar á mi hermana, pegando un martillazo á la costra de hielo de nuestra casi ruptura.