Explore "El infierno del amor" by Manuel Fernández y González on Textopian. Read with annotations and highlights.
Y esta maldicion horrible / que del dolor en la hora / Ayela desesperada, / de justa venganza ansiosa, / pronunció contra el malvado, / ignorando su deshonra, / ignorando que era madre, / cuando lo fué en su memoria, / se sublevó turbulenta, / sombría, amenazadora; / que al maldecir á los hijos / de la fiera sanguinosa / que asesinó á su familia, / maldijo á su sangre propia; / y por eso cuando Ataide / en su infancia fatigosa, / que siempre sobran fatigas / donde el dinero no sobra, / el bello semblante pálido / mostraba, y su linda boca / de arcángel no sonreia, / la maldicion pavorosa / helaba de espanto á Ayela, / surgiendo de entre la sombra / del imborrable recuerdo / de su desdichada historia; / y pasaron veinte años / de angustias y de congojas / para la pobre inocente / madre honrada, aunque no esposa, / y para el hijo sin padre, / del cual fué la herencia sola, / con la belleza de Ayela / y su sangre generosa, / el valor de Aben Jucef / y su condicion indómita.
Sin pan y sin esperanza, / y sola en el mundo, sola; / en los principios viviendo, / con llanto, de las limosnas; / rechazando altiva y pura, / si la buscó, á la deshonra; / brava su sino arrostrando, / errante como una hoja / que del árbol desprendida / va allí donde el viento sopla; / con su tesoro cargada, / y libre como una alondra, / danzando cual bayadera, / cantando cual trovadora, / diciendo las buenas hadas / en natalicios y bodas; / vendiendo filtros de amores / y oraciones milagrosas; / ornando con oropeles, / collares y falsas joyas / su portentosa hermosura; / sin más amor que su ansiosa / pasion por su pobre hijo; / por valles, cerros y lomas, / parando en las alquerías, / en las villas populosas, / y en las altivas ciudades / que de torres se coronan; / marchitando su hermosura / las fatigas, las zozobras, / y de su llanto apenado / la corriente silenciosa, / y de su dormir inquieto / las sombras aterradoras, / á la juventud viril / llegó de Ataide, ya rotas / sus fuerzas, su juventud, / y con canas presurosas / la pálida frente ornada, / anciana ya áun siendo moza.