La búsqueda del santo Grial by Anonymous — Read

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Cuenta la historia ahora que cuando Lanzarote llegó al río Marcoise se vio encerrado por tres cosas que no le agradaban nada: por una parte estaba el bosque, que era grande y misterioso; por otra parte había dos rocas altas y viejas; por el otro lado, el río, que era profundo y negro. Estas tres cosas le llevaron a que dijera que no se movería de allí, sino que esperaría la gracia de Nuestro Señor: así permaneció hasta el anochecer. Cuando ya se había mezclado la noche con el día, Lanzarote se quitó las armas, acostándose al lado de ellas, y se encomienda a Nuestro Señor, haciendo la oración tal como la sabía y rogándole que no lo olvidase, sino que le enviara el socorro que necesitaba, como Él sabía, para el alma y el cuerpo. Después de decir esto, se duerme: su corazón pensaba más en Nuestro Señor que en las cosas terrenas. Cuando ya estaba dormido, le llega una voz que dice: «Lanzarote, levántate, toma tus armas y entra en la primera nave que encuentres». Al oír estas palabras, se sobresalta, abre los ojos y ve a su alrededor tal claridad que piensa que el día está muy avanzado; pero no tarda mucho en apagarse de manera que no supo lo que había ocurrido con ella. Levanta la mano, se persigna y, tomando las armas, se encomienda a Nuestro Señor y se las viste. Ya estaba completamente armado y tenía la espada ceñida cuando mira a la orilla y ve una nave sin velas ni remos; va hacia allí y entra en ella. Tan pronto como está dentro, le parece oler todos los buenos aromas del mundo y que está llena de los mejores alimentos que nunca probó hombre terreno. Se encuentra cien veces más a gusto que antes, pues ahora tiene, al menos eso le parece, todo lo que deseó durante su vida: por esto da gracias a Nuestro Señor; se arrodilla en la misma nave y dice: «Buen Padre Jesucristo, no sé de dónde puede venir todo esto si no es de Ti mismo, pues ahora veo a mi corazón en una alegría tan grande y en tal suavidad, que no sé si estoy en la tierra o en el Paraíso Terrenal». Entonces, se acuesta junto a la borda de la nave y se duerme con esta alegría.

Durante toda la noche durmió Lanzarote tan a gusto que le pareció que no era él mismo, sino que había cambiado. Por la mañana, al despertarse, miró a su alrededor, viendo en medio de la nave una cama muy hermosa y riquísima. En el centro de la cama yacía muerta una doncella, a la que sólo se le veía la cara. Al verla, se dirige hacia allí, persignándose y dando gracias a Nuestro Señor por haberle concedido tal compañía. Se le acerca, como quien desearía saber con gusto de quién es y a qué linaje pertenece. La mira tanto por todas partes que ve una carta bajo su cabeza. Alarga la mano, la toma y, desplegándola, encuentra unas letras que decían: «Esta doncella fue hermana de Perceval el Galés y permaneció siempre virgen en deseo y en obra. Fue ella la que cambió el tahalí de la Espada del Extraño Tahalí, que lleva ahora Galaz, hijo de Lanzarote del Lago». A continuación halla en la carta todo sobre su vida, cómo murió y cómo los tres compañeros, Galaz, Boores y Perceval, la embalsamaron tal como estaba, poniéndola en la nave por orden de la voz divina. Cuando supo la verdad de todo esto, se pone bastante más contento, pues le alegra mucho que Boores y Galaz estén juntos. Coloca de nuevo la carta en su sitio y se vuelve a la borda de la nave, rogando a Nuestro Señor que le permita encontrar a su hijo Galaz antes de que lleve a cabo esta Búsqueda y que pueda verle, hablar con él y alegrarse mutuamente.

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