Explore "Napoleón en Chamartín" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
¿Y qué me diréis si os aseguro que D. Diego, a pesar de sus atractivos y de su dinero, no había podido rendir a la Zaina? ¡Oh inflexible ley de los hados que en aquella ocasión dispusieron que la Zaina fuese esclava en cuerpo y alma de otro galán, al cual de antiguo mis lectores conocen, y no es otro que el propio don Juan de Mañara, por segunda vez presentado en el escenario de estas historias! Pues sí; el Sr. de Mañara, como la muerte, lo mismo ponía el pie en pauperum tabernas que en regumque turres; y aunque era persona de alta posición por aquellos días, y estaba a punto de ser nombrado regidor de Madrid, sus preferencias en materia de costumbres y de amor, íbanse del lado de lo que Horacio llamó tabernas, y en castellano podemos nombrar ahora con la misma palabra. Por las noches, este caballero, lo mismo que D.
Diego, se vestían de majos, y. aquí viene ahora la coyuntura de describir la casa de la Zaina y su gente, con las fiestas y bailes y el refresco aparatoso que les ponía fin; pero como aún me resta por manifestar un poquito de lo referente a D. Diego y a su vida, principal objeto que en este comienzo del libro me propuse, dejo aquello para después y sigo diciendo que el hijo de doña María, bien solo, bien acompañado de Santorcaz, iba de tertulia alguna vez a las librerías principales, que era donde más se hablaba de política.