Explore "El ciego" by Emilia Pardo Bazan on Textopian. Read with annotations and highlights.
La tarde del 24 de Diciembre le sorprendió en despoblado, á caballo, y con anuncios de tormenta. Era la hora en que, en invierno, de repente se apaga la claridad del día, como si fuese de lámpara y alguien diese vuelta á la llave sin transición, las tinieblas descendieron borrando los términos del paisaje acaso apacible á medio día, pero en aquel momento tétrico y desolado.
Hallábase en la hoz de uno de esos ríos que corren profundos, encajonados entre dos escarpes; á la derecha el camino, á la izquierda una montaña pedregosa, casi vertical, escueta y plomiza de tono. Allá abajo no se divisaba más que una cinta negruzca, donde moría, culebreando, áspid de carmín, un reflejo rojo del poniente; arriba, densas masas erguidas, formas extrañas, fantasmagóricas; todo solemne y aun pudiera decirse que amenazador. No pecaba Mauricio de cobarde, y sin embargo, le impresionó el aspecto de la montaña; sintió deseos de llegar cuanto antes al Pazo, del cual le separaban aún tres largas leguas, y animó con la voz y la espuela á su montura, que empinaba las orejas recelosa.