Sobre el fascismo by Antonio Gramsci — Read

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Un volumen que puede ser considerado como la expresión límite teratológica de la reacción de los intelectuales de provincia a las tendencias "americanistas" de racionalización de la economía, es el de G. A. Fanelli (cuyo semanario representa la extrema derecha retrógrada en la situación italiana actual): L'artigianato. Sintesi di un'economia corporativa, Roma, ed. Spes, 1929, en 8.º, pp. XIX + 505, L. 30, del cual la Civiltà cattolica del 17 de agosto de 1929 publica una crítica en la sección Problemi sociali (del padre Brucculeri). Hay que señalar que el padre jesuita defiende la civilización moderna (al menos en algunas de sus manifestaciones) contra Fanelli.

Párrafos característicos de Fanelli citados por Civiltà cattolica: "El sistema [del industrialismo mecánico] presenta el inconveniente de reabsorber por vía indirecta, neutralizándola, la mayor parte de las ventajas materiales que pueda ofrecer. De los caballos de vapor instalados, tres cuartas partes están dedicados a los transportes rápidos, hechos indispensables por la necesidad de obviar los fáciles deterioros que ocasionan las grandes concentraciones de mercancías. De la cuarta parte, dedicada a la producción de mercancías, cerca de la mitad está empleada en la producción de máquinas, de manera que, en resumen, de todo el enorme desarrollo mecánico que oprime al mundo con el peso de su acero, no más de un octavo de los caballos instalados es empleado en la producción de manufacturas y sustancias alimenticias" (p. 205 del libro). "El italiano, temperamento asistemático, genial, creador, adverso a las racionalizaciones, no puede adaptarse a aquella metodicidad de la fábrica, en la que sólo cuenta el rendimiento del trabajo en serie. Además, el horario de trabajo resulta para el puramente nominal, por el escaso rendimiento que da en un trabajo sistemático. Espíritu eminentemente musical, el italiano puede acompañarse con el solfeo en el trabajo libre, obteniendo de tal recreación nuevas fuerzas e inspiración. Mente abierta, carácter vivaz, corazón generoso, llevado al taller [. ] el italiano puede manifestar sus propias virtudes creativas, en las que, por lo demás, se apoya toda la economía del taller. Sobrio como ningún otro pueblo, el italiano sabe imponerse, en la independencia de la vida de taller, cualquier sacrificio o privación para hacer frente a las necesidades del arte, mientras que mortificado en su espíritu creador por el trabajo descalificado de la fábrica, despilfarra su paga en la compra de un olvido y una alegría que le abrevia la existencia" (p. 171 del libro).

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