Explore "Luchana" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al sentirse físicamente lejos de la esfera de atracción de aquella voluntad potente, volvió la niña a girar en su órbita y sintió recobrada en parte su personal fuerza. «Es un bruto -se decía-; pero no hallo la manera de sustraerme a su poder. ¡Qué hombre, qué energía!. ¡Ay!, tendré que hacer un esfuerzo para no dejarme dominar, pues de lo contrario, no sé lo que pasará. Como mérito, lo tiene. ¿De qué será capaz Zoilo, si no le mata una bala? Pues de las cosas más grandes. Me asusta, verdaderamente me causa tanto miedo como admiración. ¡Qué mal he hecho en dejarme besar! Se creerá que le pertenezco, y eso sí que no. Pero me cogió tan desprevenida, ¡qué pillo!, que no pude. Cualquiera le dice que no a nada. Este es de los que no se dejan gobernar, y gobiernan a todo el mundo. Yo no sé lo que me pasa. Cuando estoy lejos de él, soy muy valiente. pero se me acerca, y ya estoy temblando. ¡Vaya un hombre!. Pero no: es preciso que yo me mantenga en mi deber y en mi consecuencia, porque no puedo faltar a lo jurado.
El mío es otro. y aunque estoy muy enojada con Fernando porque no viene, ni se anuncia, ni nada, debo mantenerme firme. La verdad es que ya pesa, Señor, ya pesa este abandono en que estoy, y si yo me declarara independiente, no tendría razón ninguna en quejarse. Sabe Dios que le he querido y le quiero como cuando nos conocimos. No dirá que he faltado. Él es quien falta. ¿Y quién me asegura que no se ha entretenido lejos de mí con otra mujer? Esto sería ya inicuo, esto sería ultrajante para mí. Pero yo soy quien soy, y espero, espero, espero. ¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo?. Digan lo que quieran, tengo yo mucho mérito, y la palma de la constancia nadie me la puede quitar.».