Explore "Luchana" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Rendido de fatiga y con más hambre que cómico en Cuaresma, arribó Valentín al cuartel de la Plaza, donde tuvo la suerte de hallar al mayorazgo D. Nemesio Mac-Mahon, exaltado patriota, que le brindó a participar de las sopas que comía. En la misma mesa de despintado pino, hacían por la vida los individuos de la Diputación D. Vicente Ansótegui y D. Antonio Irigoyen, con un capitán de Trujillo y otro de Toro. Versó la conversación sobre los movimientos de Espartero, que después de inútiles tentativas por la parte de Aspe y Azúa, se había vuelto a la orilla izquierda, y a la sazón celebraba consejo de generales para resolver qué se haría en situación tan apretada, pues Bilbao, desangrada ya y sin víveres, parecía llegar al límite de la constancia. El telégrafo había dicho por tercera vez: «siga Bilbao defendiéndose, que pronto será socorrida».
Pero el socorro ¡vive Dios!, tardaba en llegar. Como en la mente y en la voluntad de todos la rendición era el mayor absurdo, no les quedaba más recurso que un morir glorioso, numantino.