Explore "El hijo del león de Damasco" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Las tinieblas imperaban en el exterior. Otra vez nuevas brumas tapaban las estrellas y el alba habría de tardar todavía casi una hora. El viento reposaba en calma absoluta y semejaba gravitar sobre la tierra algo invisible y tenebroso que absorbía cualquier rumor, cualquier ruido, haciendo adquirir a las plantas y al cielo la inmovilidad de las cosas muertas.
En la granja reinaba así mismo el silencio. Los perros, como si intuyesen que con sus gruñidos podían hacer peligrar las vidas de sus dueños, callaron. Sólo por encima de las hojas de la vid se percibía, de vez en cuando, el tétrico graznido de algún buitre.