Explore "Los de abajo" by Mariano Azuela on Textopian. Read with annotations and highlights.
La herida de Demetrio había cicatrizado ya. Comenzaban a discutir los proyectos para acercarse al Norte, donde se decía que los revolucionarios habían triunfado en toda línea de los federales. Un acontecimiento vino a precipitar las cosas. Una vez Luis Cervantes, sentado en un picacho de la sierra, al fresco de la tarde, la mirada perdida a lo lejos, soñando, mataba el fastidio. Al pie del angosto crestón, alagartados entre los jarales y a orillas del río, Pancracio y el Manteca jugaban baraja. Anastasio Montañés, que veía el juego con indiferencia, volvió de pronto su rostro de negra barba y dulces ojos hacia Luis Cervantes y le dijo:
-¿Por qué está triste, curro? ¿Qué piensa tanto? Venga, arrímese a platicar.