Explore "Los de abajo" by Mariano Azuela on Textopian. Read with annotations and highlights.
El torbellino del polvo, prolongado a buen trecho a lo largo de la carretera, rompíase bruscamente en masas difusas y violentas, y se destacaban pechos hinchados, crines revueltas, narices trémulas, ojos ovoides, impetuosos, patas abiertas y como encogidas al impulso de la carrera. Los hombres, de rostro de bronce y dientes de marfil, ojos flameantes, blandían los rifles o los cruzaban sobre las cabezas de las monturas.
Cerrando la retaguardia, y al paso, venían Demetrio y Camila; ella trémula aún, con los labios blancos y secos; él, malhumorado por lo insulso de la hazaña. Ni tales orozquistas, ni tal combate. Unos cuantos federales dispersos, un pobre diablo de cura con un centenar de ilusos, todos reunidos bajo la vetusta bandera de «Religión y Fueros». El cura se quedaba allí bamboleándose, pendiente de un mezquite, y en el campo, un reguero de muertos que ostentaban en el pecho un escudito de bayeta roja y un letrero: «¡Detente! ¡El Sagrado Corazón de Jesús está conmigo! ».