Explore "Víctimas de la opulencia" by Mariano Azuela on Textopian. Read with annotations and highlights.
La desvencijada puerta parecía ceder de un momento al otro, empujada por el furioso ventarrón. Sus podridas maderas crujían como gemidos humanos y el aire se colaba a chorros. Era un cuartucho desmantelado y sucio; en una cazueleja rota una mecha de sebo oscilaba su flama macilenta y rojiza, sacudida por instantes por la alocada danza del aire que entraba por resquebrajaduras y rendijas, a punto de extinguirse totalmente.
A mitad del cuarto, sobre rústica mesita de encino reposaba el «angelito» casi cubierto de flores, desprendiendo un aroma sofocante. Le quedaba al descubierto la cabecita como botón tronchado en su tallo. Una cara enjuta, terrosa y apergaminada, los cabellos untados a la frente y a los carrillos mojados todavía; los ojos entreabiertos en dos hondas cuencas violáceas.