Explore "En derrota" by Mariano Azuela on Textopian. Read with annotations and highlights.
El primer rosario de grullas atravesó el cielo rizado de plumones blancos, el día en que Juan llegó a la hacienda. Nadie lo conocía, se ignoraba de dónde había llegado; pero como mostraba unos bellos músculos de acero bajo su piel tostada y bruñida y ya la cosecha se estaba viniendo, encontró trabajo luego y un arrimo en la venta de tío Chepe.
¡Qué guapeza de muchacho! Las chicas más lozanas del rancho se lo comían con los ojos. A la hora del almuerzo, cuando el sol reverbera en el oro de los rastrojales y las blancas siluetas de los pizcadores diseminados por el surquerío se juntaban y salían por un extremo del barbecho salpicado de faldas rojas, verdes, amarillas y de muchos colores, el fornido mocetón broncíneo esquivaba, los ojos bajos, las miradas de las mozas.