Explore "Y ultimadamente" by Mariano Azuela on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mi cuarto era el trece, pero la suerte eligió el doce, el de Piñita. Al principio no acerté a saber si fue irrupción de estudiantes en juerga, pero eso seguramente predispuso el borbotón de los recuerdos acá en mi cama, mientras del otro lado ardía el incendio de risas y lamentaciones, insolencias y preces, cantos y lloros y un ritornelo gutural, estragado y odioso, «yo no he dicho que soy instrumentista». Pero lo extraordinario era la voz atiplada, tímida, monótona, suave, cansada e incansable de Piñita. Piñita, comentador agudo y breve, condensador del altísimo voltaje que traspuso los veinticinco centímetros de mampostería que nos separaban, la malla frágil de mi sueño de aventurero ocasional; audaz apache que abrió de par en par las puertas de mi asentimiento. «Piñita, un trago.» «Pásale la botella a Piñita.» «¿Y a ti qué te parece la rapsodia del maistro Campos? » «Después de mi maistro don Clemente Aguirre. ¡me viene guango el pantalón!. ¿Verdad, Piñita?
» «Piñita, te hago un campo aquí en mi cama.»