Explore "Nueva burguesía" by Mariano Azuela on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al decir de Lolita, la que vende jaletinas en la vecindad, Emmita es una bola suelta. Sin embargo, nadie puede poner en duda que había nacido para una vida honesta. De nobles ambiciones, quiso primero ser artista de cine, pero las tres veces que actuó en la hora del aficionado de una radiodifusora muy escuchada, tres estrepitosos toques de campana la indujeron a abandonar ese camino y dejar en paz la Bohème de Puccini. Sus piernas curvas y fusiformes le cerraron las puertas de la Academia de Baile del Palacio de las Bellas Artes. Recorrió los estudios de nuestros más famosos pintores, ofreciéndose como modelo. Un guasón la contrató para el grupo de las Euménides de una tela superrealista. Emmita no logró identificarse ni sospechó siquiera que había sido feamente descuartizada, pero estuvo conforme. Al pedir la paga pudo enterarse de que todo había sido simplemente una «tomada de pelo».
Ni el señor Benavides, linotipista de los Talleres Gráficos de la Nación, que se ufanaba tanto de poseer un concepto exacto y racional del universo y que tenía la manía de hacer cálculos matemáticos, habría podido resolver el problema de la edad de Emmita. Ella y su tía Tecla aseguraban que andaba cumpliendo los quince; pero Lolita, haciendo cuentas con los dedos, juraba que tenía sus veinticinco bien cumplidos. Pero con quince o veinticinco a Emmita le gustaba de vicio el baile y no había sábado que faltara al cabaret.