Explore "Nueva burguesía" by Mariano Azuela on Textopian. Read with annotations and highlights.
«. Esa noche me quedé en el taller cuando mis compañeros se habían ya retirado, porque el director vino a decirme que urgía mucho el trabajo que estaba parando y que se me pagaría tiempo doble. Volví, pues, a ponerme la blusa y me senté frente a mi linotipia. Esa noche íbamos a cenar Tito, el corrector de pruebas, y yo en mi casa. "Por mí no te preocupes -me dijo-; dejaremos la invitación para otra vez. Yo aprovecho ahora la ocasión de llevar a las Amézquitas al Folies". Se despidió y yo me puse a trabajar: pero antes de media hora se interrumpió la corriente y me quedé a oscuras. Esperé más de diez minutos, me asomé al patio y vi que en otras oficinas estaban trabajando y había luz, por lo que comprendí que se trataba de alguna descompostura local que no podría repararse hasta el día siguiente. Cuando le entregaba las llaves al conserje eran las diez en punto. Un coche de ruleteo me dejó en veinte minutos en la puerta de la vecindad.
En el patio me encontré con el señor Campillo, maquinista de los Ferrocarriles Nacionales, y estuvimos charlando brevemente; luego pasó la señora Lola, que vende gelatinas, y me preguntó qué fiesta tenía en mi casa, pues había visto entrar en mi departamento a un dependiente de La Flor de Lis con un canasto de fiambres, queso y botellas de vino. Me acordé de la invitación a la cena, y comprendí. Abrí precavidamente la puerta para no despertar a mi esposa; pero me llamó la atención su habitación iluminada y un sordo rumor de voces. Me detuve y escuché con más cuidado. En efecto, dos personas hablaban. Entonces entré bruscamente en la recámara y los sorprendí: mi esposa y mi amigo Tito me miraron aterrorizados. Estaban acostados en mi misma cama. Generalmente soy sereno y tengo un control absoluto sobre mis emociones, como pueden atestiguarlo las personas que me conocen.