Explore "La Malhora" by Mariano Azuela on Textopian. Read with annotations and highlights.
ENTONCES: Altagracia, noctivaga, lloró con Dios porque era rica. El mundo ya más grande que la colonia de la Bolsa; las gentes que arreglan su vida de otro modo que con alcohol y puñal digieren bien y duermen mejor. Eso aparte de la moneda menuda de su alcancía: el amor al prójimo del cura de Santa Catarina, el perdón de las ofensas del doctor paralítico y el cumplimiento del deber de su esposa severa y equivocada.
Altagracia, ebria del heroísmo del médico santo, mártir y loco, pensó: «Todos están perdonados.» Y suspiró a la vez que sus ojos repararon en la cédula de una puerta: «Se solicita criada.»