El desquite by Mariano Azuela — Read

Explore "El desquite" by Mariano Azuela on Textopian. Read with annotations and highlights.

LA ENORME plancha de asfalto flanqueada de bosque, silbatos, arbotantes, ruedas, peatones, edificios y campanillazos, vertiginosamente inversa, se detuvo en la parada de Soto. Entonces vino a mi asiento inmediato y sus bullones de seda al encresparse en una bocanada de asfixia, me precipitaron cabeza afuera de la ventanilla, hasta que el santo aire de Dios me refrigeró siete veces el furor homicida de su alevoso extracto triple. El tren reanudó su rosario y volví los ojos a punto de contrición. Aunque ella no supo de mi descortesía o la deglutió automática, me turbó. ¿La niña Lupe? Por su atolondramiento de peregrinación guadalupana, por su nefando perfume, dudé. Indeciso, desdoblé, pues, mi periódico mudo:

«. vacaciones en mi pueblo con mi condiscípulo Martín. Mañana clara que abre de par en par puertas, ventanas y corazones. Por la calle solitaria de hace diez años, don Crispín el notario de hace diez años, y su paso austero y su capa franciscana y su bombín de hace diez años. (Laus Deo, don Crispín, relente de sebo y eternidad, y benditas las campanas de la misa de seis que hoy se quiebran en el aire de cristal.) Más tarde el sol sátiro se baña en los charquitos zarcos, en los follajes barnizados, en las casas cacarizas y en cada sarta de brillantes que lloró la noche. -Nada como los ojos de la niña Lupe -dijo Martín. Vamos, pues. Mamá Lenita, sonriente y complaciente; pero yo desconfío de su ojo redondo. Ojo estrábico de cotorra. -Martín, vete con tiento. Las llevamos a los farolitos. Adelante Martín con su niña Lupe, todo Jorge Isaacs, Manuel Flores y miajas de Manuel Acuña. »

Reading navigation