Explore "El desquite" by Mariano Azuela on Textopian. Read with annotations and highlights.
LA LLUVIA tamborileaba en los techos. El comedor se había llenado de sombra ceniza y tediosa; pero Lupe miraba, en éxtasis, el oro tierno y fluido de su vasito raso.
«Al principio yo no veía más que oscuridad. ¿Quién podría tener interés en consumar una separación que de hecho existía? Sólo una mujer. Pero Blas tenía mujeres, mujer ninguna. Su vida no fue un secreto. Y esto duró hasta el día en que por equivocación abrí una carta destinada a él. Un anónimo. De echar las tripas de risa. Se me acusaba de mil monstruosidades. Limpio mi corazón, examiné detenidamente el papel y me quedé sorprendida: el parecido de la letra era asombroso; pero imposible. Para reír también a carcajadas. ¿Cómo suponer siquiera tanta infamia de quien había sido algo más que íntimo confidente, algo más que un hermano querido, al que trataba como a mi propio hijo? Porque cuando mi corazón se quedó vacío por la muerte de mi madre y el abandono de mi esposo, para no morirme de angustia busqué refugio en un cariño inocente, desinteresado, puro. Lo amé como sólo sabe amar una madre, lo cuidé y le di consejos de madre.