Explore "El Saludo de las Brujas" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
Conviene hacer justicia a Felipe: la cosa en que menos pensó, fue la siniestra predicción del bohemio. Le hizo el caso que haría al chillido lúgubre del ave nocturna, o al ronco desvariar de enfermo delirante; al cuarto de hora ni se acordaba de ella. Otra idea llenaba su espíritu; otras palabras repercutían sin tregua en su mente. «¡Tu hijo!» había dicho aquel insensato… ¿Sería verdad? La hipótesis tan sólo bastaba para dictar a Felipe su línea de conducta… No era dable titubear: el deber se presentaba claro y categórico… ¡No habérsele ocurrido antes que podía suceder aquello! Contingencia tan natural echaba por tierra las combinaciones de la política y las imposiciones de la historia…
Miraya salió en el cestito, con orden de recoger al loco de Yalomitsa si conseguía darle alcance, y se hallaron solos Rosario y Felipe, sentados en el sitio predilecto, el templete desde cuyos intercolumnios se veían el golfo y las gentiles escotaduras de la playa. La tarde, calurosa y luminosa, declinaba ya, cuando Felipe se decidió a interpelar a su amiga, del modo más confidencial y tierno.