Explore "El cuento del magistrado" by Geoffrey Chaucer on Textopian. Read with annotations and highlights.
Habia una vez en Siria una rica compañía de mercaderes, gente sobria y honrada, que exportaba sus especias, paño de oro y satenes de vivos colores, a lo largo y ancho del mundo. Tan original y barata era su mercancía, que todos estaban dispuestos a venderles género y hacer negocio con ellos. Sucedió un día que algunos de los mercaderes decidieron ir a Roma, alojándose en el barrio que les pareció más conveniente para sus menesteres.
Estos mercaderes pasaron una temporada a sus anchas en la ciudad, pero sucedió que llegó a oídos de cada uno de ellos noticia de la excelente fama de la hija del emperador, doña Constanza. La información que recibieron decía: «Nuestro emperador en Roma, cuya vida guarde Dios muchos años, tiene una hija; si sumas su bondad a su belleza, no ha habido otra igual desde que el mundo es mundo. Que Dios proteja su honor; merece ser reina de toda Europa. En ella hay gran belleza sin vanidad, juventud sin desenfreno ni capricho; la virtud guía todas sus acciones; con su humildad pone freno a toda arrogancia; es el espejo de la cortesía; su corazón es un ejemplo de santidad y su mano es generosa repartiendo caridad.»