Explore "O'Donnell" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Consecuentes en su fraternal amistad, Valeria y Teresita pasaban juntas días enteros, muy a gusto de ambas, y a gusto también de Manolita Pez, que podía campar sin ninguna traba, y espaciar sus antojos por el libre golfo de la vida matritense, poniendo a su niña bajo la custodia de una señora casada de buena conducta, que era lo prevenido por los cánones sociales. Cumplía Manolita con la moral por lo tocante a su hija, y aliviada quedaba con esto su conciencia para poder cargar con los pecadillos propios. Muchos días almorzaba y comía Teresa con su amiga, y algunas noches también allí dormía, por la inocente causa de volver muy tarde del teatro, y no tener persona mayor y de respeto que tan a deshora la llevase a casa de su madre. Al poco tiempo de esta intimidad, observó la niña de Villaescusa que las atenciones con que Guillermo de Aransis a la señora de Navascués distinguía, iban perdiendo su colorido platónico. Era Teresita una de estas vírgenes que, por asistir demasiado cerca al batallar de las pasiones, están privadas de toda inocencia: no bien ocurridos los hechos, los comprendía y apreciaba en toda su real gravedad, sin asustarse de cosa alguna. Viendo las visitas de Guillermo a horas desusadas, y las salidas extemporáneas de la dama, se hizo dueña de la verdad. Su confianza con Valeria la llevó a una sinceridad ingenua de enfant terrible, y como quien no hace nada, sin asomos de severidad ni dejo malicioso, interrogó a su amiga sobre tan escabrosos particulares. En su acento vibraba un candor que en su alma no existía. Respondiole Valeria con cierto embarazo, empezando diferentes frases que quedaron sin terminar, y concluyó así: «¿Para qué quieres tú más explicaciones?. Estas cosas no las entienden las solteras.».
Saliendo aquel mismo día las amigas al jaleo de tiendas, vio Teresita con asombro que Valeria pagaba cuentas atrasadas, lanzándose a nuevas compras de telas y faralaes de vestir. Generosa y amable, la dama obsequió a su amiga con un corte de vestido para verano, elegantísimo, de extremada novedad y con el más puro sello parisiense, regalándole de añadidura un canesú y un miriñaque de pita de hilo, última novedad. Con sincera gratitud acogió Teresa estos obsequios, y los estimó más porque su madre la tenía bastante desairadita de ropa, con sólo dos trajes nuevos, y uno del año mil, transformado ya tres veces.