La horma de su zapato

Explore "La horma de su zapato" by José López Portillo y Rojas on Textopian. Read with annotations and highlights.

Uno de esos domingos, precisamente, y acaso aquel en que la concurrencia de los lugareños comarcanos había sido más numerosa y compacta, fue cuando Patricio Ramos tuvo la mala idea de ponerse una de las monas más descomunales de su vida; y eso que eran incontables las de padre y señor mío que había pescado ya en su no larga existencia. Patricio era un mozo de cuando más veinticinco años, «bien dado», como suelen decir los rancheros; esto es, alto, fornido, rebosando salud y satisfacción por todos sus poros. Como guapo, podía rivalizar con los mejores, pues, aunque moreno, tenía facciones correctas, ojos vivarachos, nariz fina y dentadura blanca y apretada. La escasez de su barba, que no pasaba de un ruin y lacio bigotillo, le daba una apariencia todavía más juvenil que la que reclamaban sus años, pues era un adolescente por su aspecto y parecía estar en los límites indecisos de la infancia y de la juventud.

Pero aquel tierno mancebo que inspiraba interés por los rasgos de su exterior, era mozo pervertido, vicioso y corrupto, que desde su más temprana edad había dado quince y raya a los más atrevidos, desvergonzados y libertinos de Zaulán y de las rancherías inmediatas. El amor que tenía al vino, más que inclinación, más que costumbre, parecía delirio febril, tema de loco, frenesí desencadenado, pues en apurando la primera copa, tenía que apurar la segunda, la tercera, la centésima, como hidrópico que no se sacia de beber agua, o peregrino que, al pegar los labios a la fuente, parece que no ha de separarlos de ella hasta dejar agotado el manantial. Ojalá hubiese sido el estado comatoso la consecuencia de aquel desenfreno; todo se hubiera reducido en tal caso, a un pesado y prolongado letargo y a una «cruda» de primer orden, sin quebranto de los intereses ajenos, ni peligro de la vida o integridad de los cuerpos de las otras personas.

Reading navigation