Explore "Descripción Colonial, Libro Segundo" by Reginaldo de Lizárraga on Textopian. Read with annotations and highlights.
En este valle de Tomina despidió los soldados, dándoles licencia, en donde descansó el Visorrey hasta adquirir unas pocas de fuerzas, las cuales, en dándole los aires del Perú comenzó á recobrar, y la enfermedad á disminuírsele, pero no de manera que se pudiese tener en pie ni andar un paso; mas sintiéndose ya con algunas fuerzas se puso en camino para la ciudad de La Plata, adonde llegó en una literilla de hombros en que le traian dos lacayos, tan flaco y desfigurado, que se tuvo muy poca esperanza de su salud; mas Nuestro Señor se la dió enteramente, y todo el pueblo dió muchas gracias á la majestad de Dios porque le sacó vivo. Alcanzada esta salud y compuestas algunas cosas tocantes al buen gobierno de aquella provincia, dende á cinco ó seis meses tomó el camino para Potosí, á donde, hallando que muchos de los que tenian indios para sus ingenios se habian ocupado más en recoger metales de los desmontes, y en traspasar la ordenanza por él hecha (como dejamos dicho), que en beneficiar y labrar sus minas, los condenó á tres tomines ensayados por quintal, con los cuales enteró la caja Real de lo que della habia sacado para la guerra chiriguana, y lo demás repartió en los que más habian gastado, como fué al licenciado Recalde aplicó cierta cantidad y á otros.
Pudiera escrebir otras cosas particulares que en esta provincia sucedieron, mas déjolas porque no paresca se tratan con alguna manera de pasion, de la cual estamos muy lejos; empero la verdad de la historia no se ha podido dejar. Partió de Potosí, asentado todo lo necesario para su buen gobierno, para la ciudad de La Plata; de allí á Arequipa, de donde se fué á embarcar, creo son 22 leguas, á la playa de Quilca; embarcado, en breves dias llegó al puerto del Callao, de la ciudad de Los Reyes, adonde fué muy bien recebido.