Explore "Descripción Colonial, Libro Segundo" by Reginaldo de Lizárraga on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al Visorrey don Antonio de Mendoza sucedió don Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, cuya memoria permanece con alabanza perpétua; varon realmente de muchas y admirables virtudes, dignas de ser imitadas de todos sus subcesores, y alabadas de los historiadores, y puestas sobre las nubes, pues para tractar dellas se requeria otro talento qu'el mio, y facundia más aventajada; por lo cual confieso ser atrevimiento mio, criado (puedo decir) en estas remotas partes, á quien lenguaje y órden de escribir le falta, que ni he visto cortes de Reyes ni príncipes, ponerme á escribir lo que otros, haciéndome grandes ventajas, han reusado; mas viendo que no era decente que sus virtudes y hechos en el rio del olvido quedasen anegados, en breve escribiré lo que todo este reino de su gran cristiandad experimentó, ánimo generosísimo, entrañas más que de padre para los pobres, afabilidad para los humildes y pecho para rebatir los ánimos soberbios, y finalmente, mereció ser llamado padre de la patria.
Partió de España el año de 56, y llegando con buen tiempo á Tierra Firme, halló en ella muchas cartas de la Audiencia de Los Reyes, en que le avisaban que don Pedro Luis de Cabrera, vecino del Cuzco, se habia retirado medio casi rebelado á la ciudad de San Miguel de Piura, teniendo en su compañia algunos de los notablemente culpados en la rebelion y tirania de Francisco Hernandez Giron, uno ó dos de los cuales habian sido sus capitanes, por lo cual viese lo que convenia ser hecho; y porque se entienda lo que vamos tractando, don Pedro Luis de Cabrera, caballero conocido, natural de Sevilla, era vecino (como dijimos) del Cuzco, y de muy buen repartimiento; concluida la guerra de Francisco Hernandez, y tirania, donde sirvió muy bien, bajando á Lima no sé con qué ocasion, con alguno ó con todos de los Oidores se desabrió, por ventura por la compañia que sustentaba, y desabrido se vino con los suyos á Trujillo, de Trujillo á Piura, donde muchas veces fué requerido por la Audiencia de Los Reyes despidiese aquellos traidores; si no, procederian contra él.