Descripción Colonial, Libro Segundo

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Aquí en Chicama fué servido el Marqués con todo el regalo posible, porque así lo mandó doña Ana de Valverde, mujer que fué del capitan Diego de Mora, en cuyo ingenio fué hospedado (como habemos dicho) con gran abundancia y todos que iban y venian; de donde partió para la ciudad de Trujillo, cinco leguas de camino, en la cual fué recibido con mucha alegría y gasto de aquellos vejazos vecinos, en palio. Entró en un caballo blanco que le dió la ciudad y lo compró el comendador Melchior Verdugo, vecino de aquella ciudad. Trujo mucha casa: un mayordomo mayor, hombre muy principal, de mucho gobierno, de pocas palabras, pero muy discretas y graves, llamado Diego de Montoya; cuatro mestresalas; dos capellanes, y luego recibió en su servicio otro, un hermano mio, llamado Juan de Ovando; dos caballerizos, mayor y menor; muchos pajes y lacayos, y su guarda con su capitan; tanta y tan buena casa, que ningun Visorrey la ha traido tal, harta ni abastada. Fuese á posar á las casas del Capitan Diego de Mora, donde fué servido como era justo se sirviera un varon y señor de tanto valor y ánimo. Prestólo allí doña Ana de Valverde 12.000 pesos ensayados para su gasto; volvióselos de la Audiencia de los Reyes en oro. En llegando, la primera cosa que hizo fué mandar embarcar á don Francisco de Mendoza en un navio que acertó á estar en el puerto, para le llevar á Tierra Firme y se volviese á España, con lo cual los ánimos soberbios comenzaron á humillarse y á temer.

Entre otros capitanes y caballeros pobres gastados de la guerra que habian bajado á Trujillo á matar la hambre, bajó el capitan Rodrigo Niño, caballero pobre y adeudado de los gastos de la guerra, el cual á la sazon estaba en la cama enfermo, que no tenia sobre qué caer muerto, en casa de doña Isabel Justiniano, señora principal, que movida de caridad le regalaba en su casa y curaba. El cual así enfermo, diciéndole y pidiéndole albricias, que ya el Marqués habia desembarcado en la tierra y costa del Perú, preguntó que dónde; respondiéronle en Mal Abrigo; entonces dijo: Más quisiera desembarcara quinientas leguas más abajo, porque quien desembarca en Mal Abrigo no nos puede abrigar bien; mas engañóse diciéndolo, porque luego que el piadosísimo Marqués supo estaba enfermo, y sus servicios, le envió con un paje 1.500 pesos ensayados, para su enfermedad, animándole á que procurase su salud, que dándosela Dios, en nombre de Su Majestad le haria merced, como se la hizo dándole 5.000 pesos de renta, y no los quiso; mandó el Visorrey al paje no recibiese un grano del capitan Rodrigo Niño; vuelto el paje y dada la respuesta, preguntole: ¿qué te pasó con el capitan? respondióle: señor, porfió mucho conmigo que tomase las barras para calzas, y como llevaba órden de Vuestra Excelencia que no recibiese un grano, no las quise recibir. Entonces dijo el Marqués: ¿es posible que un hombre que no tiene un grano de plata, tenga tanto ánimo? ¿quién ha de hartar los ánimos de los hombres deste Perú? y quien esto hacia con el capitan Rodrigo Niño, no le queria abrigar mal. Oí decir que el Marqués en España era tenido por escaso.

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