Explore "Descripción Colonial, Libro Segundo" by Reginaldo de Lizárraga on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando aquel más que impio tirano Lope de Aguirre tractaba de crueldades y de hacer grandes ofensas contra Nuestro Señor, el marqués de Cañete tractaba de componer la tierra, y quitar á los naturales cualquier ocasion del deservicio de Dios Nuestro Señor; por lo cual, sabiendo que en el Cuzco los indios tenian en mucha veneracion y como por dioses suyos, á quien adoraban y reverenciaban, los cuerpos de Guaina Capac y de otros Ingas que fueron señores destos reinos, mandó los sacasen de su lugar y los trujesen á Los Reyes para quitar esta ocasion á los indios y darles á entender no eran más que cuerpos muertos; hízose así y trujéronlos á Los Reyes, enteros, sin corrupcion. Tienen estos indios sus yerbas, que antiguamente en su infielidad á los cuerpos de los señores aplicaban, con las cuales no se corrompian, como si los embalsamaran. Mandó, pues, los pusiesen en el hospital de los españoles, en un aposento donde ningun indio los viese. Despues desto, sabiendo tambien que en los Andes, que son unas montañas muy calurosas y lluviosas, á las espaldas de Guamanga, y no lejos della, se habia retirado un Inga, y allí vivia con otros Ingas en unos valles asaz cálidos, procuró reducirlo y sacarlo y hacerle merced, por lo cual envió á dos religiosos nuestros, el uno llamado fray Melchior de los Reyes, hombre docto, gran cristiano, y que todo el tiempo desde que llegó á este reino se ocupó en predicar el Evangelio á estos indios, gran lengua y de muchas y buenas partes, y con él fué otro religioso nuestro llamado fray Pedro de Arrona, hombre esencial y buen fraile: juntamente con un vecino del Cuzco llamado Betanzos entraron en los Andes, hablaron á el Inga, que lo reverenciaban los demás que allí vivian, y servian con las mismas ceremonias que en tiempos antiguos en estos reinos; descendia de los Ingas, señores desta tierra; persuadiéronle saliese con todos los demás, que el Marqués les enviaba á este efecto, con protestacion de le hacer muchas mercedes en nombre de Su Majestad: finalmente, tanto pudieron con él y con algunos de sus capitanes, que le persuadieron á que saliese. Otros Ingas le persuadian lo contrario, y éstos no quisieron salir, dando allá sus excusas, no muy fuera de razon; finalmente, el Inga salió, vino á la ciudad de Los Reyes; trujéronle los indios en unas andas guarnecidas con plata. El Marqués le recibió muy alegre y afablemente, prometióle mucha merced en nombre de Su Majestad si se volvia cristiano y se quedaba en la tierra; mirase lo que más le convenia, y si se queria volver, libremente se volviese; dióle de su hacienda algunas preseas buenas y el Inga determinó quedarse y baptizarse, aunque no se baptizó en Los Reyes. Esto asentado, con órden del Marqués volvió al Cuzco, donde se baptizó y casó con una deuda suya, en grado para los indios no prohibido, y dispensado por la Sede Apostólica, llamada la Coya, que quiere decir la Emperadora dona Maria, mujer de no mal parecer y de buen entendimiento; hízole el Marqués merced, en nombre de Su Majestad, de 12.000 pesos de renta perpétuos en indios.
Tuvo una hija, llamada doña Beatriz, heredera, porque no tuvo hijo varon, á la cual criaron, muerto el padre (no vivió muchos años despues desto), en casa de un vecino principal donde la enseñaron toda buena policia y costumbres con las demás cosas que se suelen enseñar á las mujeres generosas; la cual casó despues el Visorrey don Francisco de Toledo con el comendador Martin García de Loyola, como despues diremos.