Carlos VI en la Rápita by Benito Pérez Galdós

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No seguimos, porque entró Beramendi. Su discreta esposa nos dejó solos, después de decirle que ya me había informado de la terrible conspiración, y que habíamos temblado y reído de aquel arcano tremebundo y jocoso. De mal temple venía el Marqués, sin duda porque acababan de darle informes nuevos, alarmantes. Ampliando lo que yo por su esposa sabía, díjome que el actual plan del absolutismo no es un risible sainete, sino un drama con gran arte compuesto. No se trata de quitarle la corona a Isabel II, sino de cuajar el pacto de familia, aprobado ya, según dicen, por una parte y otra. La rama femenina accede a bajar del trono, con tal de ver restaurado el poder absoluto, puesta en la cumbre la fe católica, y la Libertad en la situación que tiene el diablo a los pies de San Miguel. Desde que la Revolución de Julio del 54 aterrorizó a la familia reinante, andan los de acá y los de allá en tratos y contubernios. Dicen, y no les falta razón, que conviene sacrificar algo para no perderlo todo. El Rey Francisco y don Carlos Luis, heredero de los derechos de Carlos V, han tirado de pluma grandemente en estos años, y de su continuada correspondencia furtiva ha salido al fin el amasijo. Don Carlos Luis, Conde de Montemolín, subirá al trono con la denominación de Carlos VI. La actual Reina Doña Isabel y su esposo se avendrán a una jubilación decorosa, conservando título y honores de Reyes. El hijo de Montemolín se casará con la Infanta Isabel, y subirá al trono cuando cumpla veinticinco años. Isabel y Carlos reinarán juntos con igual derecho majestático , y se titularán Segundos Reyes Católicos.

«Esto es lo fundamental -añadió Beramendi. De los principios políticos que han de ser alma de este cuerpo, no tenemos noticia exacta. Presumimos que caerá hecha cisco la Constitución, y que se hará un llamamiento a todos los beatos furibundos para que vayan preparando la traída de la Inquisición y demás zarandajas. ¡Y que no han tenido poco arte para organizar el movimiento! Existe, aunque esto te parezca mentira, una Comisión regia suprema, organismo hipócrita que se ajusta dentro de las piezas del organismo visible del Estado. Esta Comisión, compuesta de personas afectas al Pacto de familia, se ha dado buena maña para meter en todas las Capitanías Generales individuos que trabajan en la sombra, y que han extendido por España una red de voluntades absolutistas. Tiene ya la red tal extensión, que no sé lo que aquí pasará si O'Donnell y su Ejército no vuelven acá de un brinco. Confían los montemolinistas en que don Leopoldo tiene quehaceres en África para un rato, y activan su organización. Bien se ve que quieren aprovechar esta soledad de tropa, las Capitanías Generales en cuadro, las plazas desguarnecidas. Lo peor, querido Confusio, es que si no miente el público secreteo, también en el Ejército de África hay militares de todas graduaciones a quienes ha comprometido para el alzamiento la maldita Comisión regia suprema. No quiero pronunciar ningún nombre ni dañar a ninguna reputación, mientras no sepa la verdad. Dudo ya de todo, y no aseguro ni niego la incorruptibilidad de nadie. Vendrán los hechos, y todo se aclarará. La Historia que cuchichea me fatiga, me enloquece. Venga de una vez la Historia que grita, aunque nos traiga desengaños y catástrofes».

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