El embarque a Citerea by Rodolfo Mata — Read

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Como hay hombres representativos, Emerson los señaló, puede pretenderse que existen obras de arte representativas que, al igual de los hombres, compendian y sintetizan las tendencias y los caracteres de toda una época. Pueden aventurarse los ejemplos. En la tiarada cabeza del faraón Harmhabi o en la diademada de la dulce reina Taia, todo el Egipto parece asomar, del seno de las necrópolis y a flor de los sarcófagos, su místico espíritu alterado de inmortalidad. El querub asirio de cuerpo musculoso y bestial, de rostro humano encuadrado en la barba tubular, es el país cruel, guerrero y cinegeta que, como el monstruoso querub, tiene dos alas: el ensueño sideral y misterioso de sus magos astrónomos. La maravillosa serenidad griega irradia toda en el mármol dorado de la Venus de Milo. Toda la India teogónica y alucinada perdurará mientras subsista la pagoda de Tangore, esculpida y tallada hasta el vértigo con rebaños de elefantes y multitudes de avatares búdicos, y así en tal obra de Yosai, de Rembrandt, del Veronés, de Velázquez, se encontraría aceptada y perdurable el alma del Japón esotérico y batallador, de Holanda plástica y burguesa, de Venecia voluptuosa y espléndida, de España torva y sensual, fanática y caballeresca. Y así en un solo cuadro, en El embarque a Citerea de Watteau, surge ante mi vista toda Francia, ya que Francia, a los ojos del artista, resplandeció en la suprema apoteosis del siglo XVIII.

El alma de Francia sublimada en el siglo XVIII y el alma del siglo XVIII condensada en el cuadro de Watteau, fueron mucho tiempo el foco fascinador de mi deseo, y cuando obstáculos materiales frustraban mi anhelada peregrinación al viejo mundo, era la playa de sombrías frondas verdes y de arenas doradas, era el mar misterioso y el hondo cielo del cuadro de Watteau lo que se desvanecía ante mi frustrado deseo. No ir a Europa era mi tristeza; pero en el fondo de esa amarga y forzosa abdicación, no ver El embarque a Citerea era el más inconsolable de los duelos, el más doloroso renunciamiento, la más implacable nostalgia.

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